22/3/09

Un juego muy real

¡He llegado! Pude decir esta frase al pasar unas dos semanas, tiempo necesario para asimilar mi nueva vida, mi nuevo rol, mi nueva condición. Y gente de un lado a otro, sin control, sin afán, sin decisión, caminan solo pensando en no pensar, dirigidos a un punto fijo como misiles con un destino sin retorno. Era un nuevo estudiante, torpe, miedoso y confundido, allí me encontraba porque tocaba, allí me trasladé para sin saber cómo y qué hacer algo mejor de mí.

Todos con una posición, todos con un nuevo y marcado camino a seguir, todos menos yo. El comienzo siempre es duro, no te relacionas, no conoces como para intentar conocer más y no quieres conocer más de lo que concoces hasta entonces para no ser decepcionado. Entonces llegas de un lugar en el que eres el conocido a uno en el que eres el extraño, y en medio de este papel asumes tu condición.

Para aquel individuo nuevo, la sociedad es un juego, las relaciones son un juego, y es experto es jugarlo. De esta forma me dispuse a comenzar mi partida en mi nuevo nivel, superior en dificultad y novedad al anterior, pero no imposible de superar.

Y como todo buen jugador aprendí a exprimir mis recursos lo más sensata y rentablemente posible, para así poder elegir una opción no lineal en este particular juego. Rodeado por recursos, empecé a verlos no como tales, sino como algo más, algo que me alejaba de esa forma de evasión, algo que me ayudaba a aferrarme a la realidad más pura, ¡ellos!. Esos individuos que buscaban en mí alguien con quien reir y que paulatinamente han llegado a convertirse en lo que hoy son, amigos.

Sin darme cuenta encontré en este lugar amigos de verdad, personas con las que siento estar seguro, personas con las que me siento en casa, amigos que hacen de nuestros encuentros la mejor de las reuniones, Miembros de algo que empezó como un grupo de aburridos estudiantes y que hoy es la más sincera pandilla de amigos; ¡el Clan Doctoral!

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