Entonces miras atrás. Y lo ves todo borroso, casi que no puedes sacar nada en claro. Las lineas de tu gloriosa juventud son difusas, como la estela de un rápido y fulgurante avión a reacción, como el espectro del flash de una cámara sobre la mancha amarilla de la retina. Te esfuerzas pero los recuerdos se resisten a salir, tenaces como numantinos, como si por propia voluntad no pudiésemos exprimir nuestra memoria en pos del recuerdo de nuestra historia. Y es entonces cuando cesamos, cuando tomamos la instintiva y sabia reflexión de no forzar nuestra conciencia y la dejamos que fluya (la vida es fluir, como dijo el gran Javier Ibarra). La dejamos que fluya, que se balancee sobre el subsconciente...¡et voilá!: te cruzas con una bella mujer y su perfume te recuerda a las flores del jardín de tu vecina, cuando tenias doce años y tu estabas hasta los huesos por su hija. Sigues caminando y oyes una canción,"¿cuál era el título?", no lo recuerdas pero era la misma que sonaba cuando diste tu primer beso en aquel baile. Te cruzas con un adolescente en cuya camiseta aparece el nombre de tu grupo favorito de cuando estabas en la universidad y sobre los riff del guitarra de este fumabas aquella hierba que por entonces nada de malo tenía.
Y todo comienza a cobrar sentido: el brillo de tus ojos se acentúa, tu sonrisa (si,esa que excava unos bonitos hoyuelos en tus mejillas) se agranda y la vida parece más ligera y profunda, como el perfume de la bella mujer, como las notas de aquella canción.
The Beatles - Norwegian Wood
De esta canción solo puedo decir la fecha, 1965, cualquier cosa que dijese más sería blasfemar.
24/2/09
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He leido esta entrada de nuevo, y no la recoradaba, paradógicamente, tan buena. La redacción, el sentimiento plasmado, la calidad a la hora de transmitir, todas son capacidades innatas acentuadas por una enorme y pulida cultura. Sin duda escribes lo que ves, y como lo ves, lo cual dota a tus escritos de una fuerza y sinceridad inigualables.
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