En ocasiones aceptamos la realidad de forma particularmente modificada. Mediante el uso más sensato de la razón realizamos y tejemos consciente e inconscientemente una red de posibilidades y opciones, con respecto a un tema que nos incumbe que, "casualmente", conducen todas a nuestro beneficio.
Racionalmente son irrefutables, pero al atender a motivos emocionales pueden ser manipuladas en beneficio propio. ¿Es pues el razonamieno en pos de la emoción un fallo mecánico de la perfecta máquina de análisis que es el cerebro? A mi parecer es, no cabe duda, algo lógico.
Una vez asumida tal condición debemos profundizar más para, de esta forma, encontrar el verdadero fin de la emoción y porqué su acción anula por completo cualquier actividad racional. Es decir, ¿por qué ser controlados por un impulso cuando no se conocen con seguridad las consecuencias del mismo?, ¿por qué no ser guiados por un patrón cuyo fin es conocido y su vehículo la razón?.
Saber es una meta, poder una ilusión, pero querer es sin duda el afán de todo motor. Sabré, puedo y quiero en el mundo alcanzar las respuestas que tanto ansio, ya que con éstas todo alcanzará su "saber", "poder" y "querer".
23/1/09
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